¡Silencio!, es Navidad

¡Silencio!, es Navidad

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En pocos días los cristianos de muchos países sacarán sus cajas con los adornos navideños, los belenes Y árboles de Navidad. Decorarán sus casas con luces y velas para crear un ambiente de armonía y belleza, complementado con hermosos villancicos que llenan el alma de paz y alegría. Y es que, esa belleza y felicidad es la que transmite el Señor a nuestras almas.

Las tiendas llevan semanas ofreciendo los manjares navideños. Dulces, turrones, bebidas, carnes… el placer de comer.

Lamentablemente, hay muchos cristianos que tendrán que celebrar la Navidad en silencio y a escondidas.

La Navidad en Irak y Siria, será muy distinta este año. Allí no podrán adornar sus casas, ni podrán alzar su voz para cantarle en adoración al Señor. Sus casas le pertenecen ahora al Estado Islámico, o los que todavía viven en ciudades como Bagdad no saldrán de casa, ni podrán asistir a la iglesia para celebrar un culto al Señor por miedo a los ataques.

Algunas de sus tradiciones son muy similares a las del Occidente, comer algún plato típico como el Baja, a base de cordero o comer galletas caseras “Kolaja”. Comprar regalos, visitar a sus parientes y amigos. En algunos casos visitan el cementerio si han perdido a un ser querido y a las familias afectadas. En los 80, los cristianos solían celebrar la Navidad en salones, pero tras la guerra entre Irak e Irán tuvieron que dejar de hacerlo.

Los cristianos de Irak tienen por costumbre celebrar la Navidad el 25 de diciembre y el 6 de enero asistiendo a la iglesia. Los alumnos no tienen vacaciones durante estas fechas, incluso reciben amenazas del profesorado y la dirección si escogen faltar durante esos días. Los cristianos tienen miedo de celebrarla abiertamente pues puede ser considerado una provocación. En algunas ocasiones coincide con festividades musulmanas y han de cancelar sus actividades.

En este mismo país, al igual que en otros países vecinos, miles de cristianos celebrarán el nacimiento de Jesús en campamentos, en edificios y casas de personas ajenas.

Al igual que José y María se encuentran fuera del que fuera su hogar, de todo lo que era cotidiano y le aportaba seguridad. Miles de niños al igual que Jesús, viven en condiciones extremadamente humildes. Pero aunque no disfruten de luces ni regalos, conocen la luz verdadera y conocen el mejor regalo que puede recibir nadie, la salvación que trajo al mundo nuestro Padre Celestial.

Gracias a millones de cristianos de todo el mundo, hasta ahora, Puertas Abiertas ha podido proveerles de ayuda. Sigamos fortaleciendo al pueblo de Dios.

Aunque hayan de celebrar la Navidad en silencio, sus testimonios gritan al mundo que son cristianos, que son hijos de Dios, y que Él vive.

Este artículo ha sido extraído del boletín de Puertas Abiertas. Si desea recibir información del ministerio, puede suscribirse al boletín a través de la página web de Puertas Abiertas.

Fuente: Puertas Abiertas

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